La decisión de abrir una empresa o marca a la exportación es una de las decisiones más complicadas que un empresario debe tomar por la gran inversión de tiempo y capital que seguramente requerirá.
Exportar puede ser barato, no hay duda. Si se dispone de un e-commerce y los productos que se venden son de uso internacionalización de la empresaglobal, se puede ampliar la venta a otros territorios asumiendo el incremento de costes de envío que ello supone.
Ahora bien, aplicar una estrategia independiente a cada país es esencial para alcanzar el éxito en todo proyecto, ya sea una pyme o una empresa mayor. No se debe olvidar que el mercado al que se quiera acceder seguramente ya tendrá unos patrones, unos jugadores y una tendencia propia. Romper con ello y entrar en esa rueda es un proceso complicado que requiere de un análisis minucioso y acertado. Por otra parte están los temas legales, de transporte o arancelarios. Cada país tiene sus peculiaridades y demás aspectos legales que hay que entender en su totalidad para no incurrir en errores graves, por lo que contratar a una agencia experta o asociarse con un partner del país de destino puede ser una idea interesante de valorar. Aprender a exportar requiere muchas horas de estudio y de la compenetración de varias personas y departamentos.
Una vez el análisis de mercado previo se ha realizado, habrá que decidir la forma en que se va a exportar y, en base a ello, el tipo de productos que se incluirán en el proyecto.
Si se va a vender bajo marca propia seguramente haya una mayor libertad de decisión sobre cómo y qué exportar, pues la empresa será la encargada de escoger de forma individualizada todos los productos que crean que pueden ser más atractivos para cada mercado o segmento objetivo.
Si por el contrario se adopta la forma de una marca blanca, los productos serán genéricos y será la línea básica la que seguramente acabe siendo objeto de exportación para que otras empresas pongan su etiqueta. Esto es especialmente relevante si la empresa no estaba orientada previamente a este tipo de producción en otros países, pues representará un cambio en la forma de entender la forma en que se fabrica o suministra cualquier producto.
Si la empresa opta por asociarse con un distribuidor que haga la intermediación y la fuerza comercial en el país de destino, probablemente sea el propio distribuidor quien tenga mayor peso a la hora de decidir qué productos exportar en base a su experiencia y a las posibilidades de éxito que vea en cada uno de ellos.
En resumen, vemos que el cómo exportar acaba siendo determinante en el tipo de productos que se venderán en el extranjero, y que definirán a su vez la estrategia a seguir en cada caso.

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