El plano motivacional es uno de los más importantes en la gestión de personas dentro de una organización. En parte es una tarea del departamento de recursos humanos, pero por otro lado estas personas deben estar en sintonía, contacto y feedback constante con los directivos y responsables directos de cada equipo de trabajo. Esta es, a fin de cuentas, la forma más efectiva de optimizar tanto los objetivos y retos para los empleados a título individual y grupal, como las recompensas y retribuciones asociadas a cada uno de ellos. Y aquí viene la gran pregunta: ¿Qué tipo de recompensas prefieren los trabajadores? ¿Cómo puede influir en la gestión de equipos de trabajo?
Motivación económica VS Motivación no económica
Si bien la única recompensa necesaria para poder vivir es la monetaria, existen otro tipo de motivaciones mucho más potentes en lo que hace referencia a la satisfacción laboral y la alineación de los valores corporativos con los empleados.
Así, hasta un cierto nivel de renta (contando fijo y variable), el empleado preferirá el dinero a otro tipo de retribuciones puesto que lo necesita para seguir mejorando su vida personal y familiar. Ahora bien, una vez las necesidades básicas están cubiertas y llegar a final de mes no es una aventura desmesurada, la empresa tiene la posibilidad de segmentar a sus empleados por gustos, aspiraciones y otro tipo de motivaciones de carácter personal. Habrá quienes sientan verdadera pasión por el fútbol, otros que son unos enamorados del teatro, otros del arte, o de la lectura, o de la moda, o de viajar… cada persona tendrá gustos y preferencias distintas, y saber identificar estas pasiones y hobbies dentro de una política de retribuciones variables puede ser todavía hoy un verdadero punto de diferenciación respecto a los planes de la competencia. Y es que conseguir que los empleados hablen bien de la empresa puede acabar comportando una imagen y calidad como empresa que difícilmente se consiga a través de los medios de pago y promocionales habituales.
Gestionar equipos es gestionar personas, y por ello entender sus motivaciones. Es posible que un viaje y la entrada para ver una eliminatoria de fútbol del equipo preferido de uno de los trabajadores cueste entre 200 y 300€. Es posible, por otra parte, que el plus o bonus que se tiene presupuestado sea de 500€. Así pues, no todo se reduce a dinero sino a entender qué valor le atribuirá el empleado a esa recompensa. Con el viaje a ver el partido de fútbol la empresa se ahorra 200€ y, además, el empleado será mucho más feliz en su trabajo y en la empresa viendo que ésta se ha tomado la molestia de adaptar la recompensa por su trabajo a sus hobbies.
Ahora bien, marcar unos objetivos alcanzables, medibles y razonables es primordial para el éxito de cualquier política de incentivos. Y es que un objetivo deja de serlo en el momento que no se puede medir o que no se puede alcanzar. ¿Sigue tu empresa un modelo bien ajustado de retribución variable para las recompensas laborales?

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